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miércoles, 14 de marzo de 2012

La imposición de las buenas costumbres ¿Alguna cosa más?

En los medios de prensa escrita está en estos días saltando una noticia que no menos me resulta: chocante, incongruente, distorsionada, de mal gusto e incluso de señaladora, con un dedo acusador, cual imagen secundaria del paso de misterio del Dulce Nombre o la Amargura.

Me resulta mal sonante e incluso expreso mi malestar por los siguientes epígrafes:

ABC: "En cuanto a los hermanos que participan en la estación de penitencia, desde la Autoridad Eclesiástica se les pide que cuiden «el correcto comportamiento», poniendo especial atención a los costaleros, por ser el personal con mayor movilidad dentro y fuera de la cofradía."



Es literalmente inaguantable que tachen al colectivo de los costaleros, al cual me siento orgulloso de pertenecer, de los "principales" culpables de las supuestas malas imágenes de las Hermandades, al ser el colectivo que puede transitar más libremente en los respectivos cortejos.

Ahora se supone que debemos tener compostura y comportamiento, dudando más si cabe, de que años atrás no se tenían o se prescindían de ellos, vamos como si la educación impartida por nuestros padres no hubiera sido la suficiente. Hasta ahí podíamos llegar...

Haciendo uso la "memoria histórica" hemos de recordarle a los excelentísimos e ilustrísimos señores que han suscrito tales recomendaciones, que el colectivo de costaleros es más antiguo que el desarrollo del Vía Crucis de las Cofradías, que es más antiguo que casi el 50% de la nómina de las Hermandades de Penitencia, que es más antiguo incluso que el Consejo General de Hermandades y Cofradías. Como anécdota decir, que cuando se creó esta institución a los costaleros se le llaman "gallegos" por la peculiaridad de llevar un pañuelo en el cuello.

Por refrescar a las mentes privilegiadas les diré ciertos nombres de capataces ilustres con su época: Tarila o Antonio Torres "Juanillo Fatiga" (XIX), Rafael Franco Luque, Antonio Francés, Eduardo Bejarano, Angelillo.... (Años 20). Por esa época el trabajo del costalero no era muy bien mirado, era un trabajo de afición y lucrado (trabajadores del muelle básicamente), los pasos se calzaban con lo justo e incluso el señorito pagaba por chicotás. Se conocían a las cuadrillas por su lugar de encuentro y debajo de los pasos, se meaba, se fumaba y se bebía, por que NO HABÍA RELEVOS.

Ahora nos trasladamos al siglo XXI, casi todas las cuadrillas dobladas, unos entran, otros salen y claro, el punto de mira (ojo de halcón) es el de la ropita en la cabeza, que si entra en un bar, a refrescarse o realizar ciertas necesidades fisiológicas, que si obstaculiza la Cofradía e incluso que obstaculizamos en los relevos el paso de los cofrades.... tiene migas...

Al final, quizás por el desliz de uno, pagamos todos, justos por pecadores, nos piden "buen comportamiento debajo del paso y cuando estemos en los bares", como si no se tuviera, pero que se creen ¿que los costaleros somos animales o qué?.

El final de la noticia de Diario de Sevilla, es causa justificada, por la moda esta que se ha puesto de uniformar a los costaleros, como soldados de plomo para que la gente nos identifique de donde somos y a donde venimos..., creo que el trabajo del costalero debe de ser anónimo y sin alardes, quizás si en vez de llevar esas sudaderas o camisas con el distintivo de la corporación volviéramos al pasado, a las sudaderas o las camisas de cuadros, no se deberían de preocupar de un colectivo que el ruido que da es mínimo y que siempre está en el ojo del huracán.
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