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lunes, 9 de mayo de 2011

Un sueño que nunca lo fue


Ya el cáliz divino ha recogido toda la sangre derramada por el Maestro para la Salvación del Mundo, María Magdalena, vuelve a su altar para contemplar su bello rostro en el reflejo de un copón dorado a la espera de otra Cuaresma, para ser la seguidora de Dios.

Todo acabó y todo se fue, esta vez el sueño no fue así, parece que no hemos vivido o que nos hemos evadido durante tres días, esos mismos que se ha quitado de una semana que todos ansiamos y que no ha quedado como tal. Tres días que en una semana cualquiera te alivian y que en esta, tan especial parece que se te va la vida junto al Cachorro de Triana o entre los rincones de la judería acompañando al Cristo de las Misericordias.

El agua nos ha frustado tres días, el mismo que derramó Cristo desde el Dos de Mayo o que anuncia la Virgen "más humana" de la Semana Santa desde su Plaza del Museo. Sólo queda esperar tres días multiplicado por un número que no quiero ni pensar por que este año no ha sido una semana y todo ha sido un sueño que nunca lo fue, para no recordar.

Ya se ubica en su sitio con un copón dorado la seglar del Señor, María Magdalena y sólo le queda contemplar la sangre derramada por la Salvación de los Hombres del Cristo de la Conversión.
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