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lunes, 1 de junio de 2015

Santo Entierro Magno de Utrera 2007: Jesús Nazareno

Continuamos con la sección dedicada al Santo Entierro Magno de la provincia de Utrera, celebrado en el año 2007 con motivo del V Centenario de la llegada al municipio de la Virgen de Consolación. En esta ocasión analizamos el paso de Ntro. Padre Jesús Nazareno, titular cristífero que goza de una devoción grandiosa en el pueblo de Utrera.

Habitualmente esta cofradía realiza su Estación de Penitencia en la madrugá del Viernes Santo, con dos pasos, el del Nazareno y la Virgen de las Angustias.

La imagen fue tallada en 1597 por el imaginero Marcos de Cabrera, en madera policromada, de vestir, y por tanto, sólo están terminadas las partes más visibles: cabeza, manos y pies. Esta expresiva talla, en madera de cedro, representaba la iconografía de Jesús abrazando a la cruz, propia del Renacimiento y que simbolizaba el triunfo de cristo sobre la muerte ayudado por la imagen de Simón Cirineo.
De tamaño natural, con una altura de 1,60 m. (en posición erguida sería de 1,76 m.), tiene el cuerpo algo inclinado hacia adelante, bien apoyado sobre las separadas piernas, a fin de soportar el peso del madero. El rostro posee rasgos serenos y varoniles; la nariz es recta, de inspiración judaica, y queda prolongada por cejas levemente arqueadas en sus extremos. Su frente es despejada, y en ella se aprecia, surcos y regueros de sangre, y una leve e intencionada deformación de los parietales para ahormar la corona de espinas que es sobrepuesta. Los ojos, de cristal, no originales, matizados al óleo, reflejan con una mirada interrogativa y perdida, la suprema aceptación del sacrificio por la humanidad. Bigote y barbas enmarcan una boca entreabierta, por la que asoma la dentadura superior; están trabajadas con minuciosidad, pero apenas relieve, en zig-zag, mediante una técnica de precisas incisiones, terminando la barba en doble punta.

La imagen fue concebida por Marcos de Cabrera con cabellera de pelo natural sobrepuesta, que ha llevado procesionalmente hasta la primera mitad del siglo XX. No obstante, y pensamos que fue a fines del siglo pasado, se le modeló con estopa y pasta la cabellera que hoy luce, de modelado suave, la que para adaptarla al cráneo motivó la posible mutilación de las orejas.

La imagen ha sufrido diversas restauraciones a lo largo de las centurias. Están documentadas las que se practicaron en 1793 y 1980, si bien fue intervenida a fines del siglo XIX por Escamilla y en nuestro siglo por el escultor Antonio Eslava.

Con respecto a la de 1793, consta que se le talló nuevo cuerpo, se le colocaron ojos de cristal (tareas realizadas por Felipe González) y se encarnó y policromó por Diego Suárez. Desde esta restauración al Señor se le adapta, de manera definitiva, la cruz en la posición que hoy la lleva, con el vástago más largo a la espalda del Nazareno.

En 1881, el escultor local Francisco Escamilla Rodríguez vuelve a intervenir la imagen; Moldeó la cabellera en yeso y estopa encolada, añadió pestañas y varió la posición de la imagen para adaptarla al Cirineo.

Ya en 1980, José Rodríguez Rivero-Carrera, consolida la fijación de los pies a la peana, resanándolos y sustituyendo el cilindro que tenían en el interior por unas espigas. Sustituyó los brazos; respetó las partes originales -cabeza, manos y pies- si bien intentó restablecer la policromía primitiva. Eliminó las pestañas, matizó los ojos de cristal y mejoró imperfecciones y grietas.

El paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno, es obra del siglo XX, de estilo neobarroco, por Manuel Guzmán Bejarano, en madera de cedro, siendo estrenado en 1991, combinando faroles y candelabros de guardabrisas. Se completa con ángeles, arcángeles, querubines y los doce apóstoles, modelados por el artista isleño Alfonso Berraquero García y colocados en las esquinas, en grupos de tres.

Presenta además los escudos de la hermandad en la delantera y el de María en la trasera.

Cuenta con seis faroles de plata diseñados y realizados por los talleres de "Orfebrería Triana".

Fue dorado y policromado en los talleres de Manuel Calvo Carmona, entre 1991 y 1993.
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